El paraíso que nunca imaginé | Mi Testimonio

Testimonio del Trekking Crew 
Por Gustavo Tavares

Le pasé por delante tantas veces. Son muchos los viajes que me han llevado por Baní. Nunca me imaginaba el paraíso que se encontraba detrás de la loma.


La tentación empezó cuando leí el anuncio: una ruta que va por el río Baní. Bien. Me encantaría conocerlo mejor. La curiosidad me picaba. Pero cuando vi las fotos me di cuenta de lo que me estaba perdiendo. No me imaginaba que la realidad pudiera ser tan bella como las fotos.

La cascada tenia un aspecto sublime. Y las vistas que abarcan tres ciudades, dos presas y el gran ancho del mar, no tenían igual. Pensé que me estaba enamorado de una amiga. La había vistos tantas veces pero hoy te vi en otra luz. El sendero es esa otra luz. 

Hice todo lo posible para estar libre ese fin de semana. Cuando llegó el día de la caminata me desperté con ganas, a pesar de la carencia del café. Entra aquí la magia Patas Sucias. Compañeras como Shanti traen una greka y viene preparada para compartir. Eso se llama buena vibra. 


Subiendo esos primeros metros los hicimos a carcajadas Miguel y yo. Lo difícil se hizo fácil con la risa. Que curioso. Casi todos los caminantes son buena vibra. Al llegar al firme, las vistas no decepcionaban. Eran igual o más bellas que en la foto. Pero mejor que la compañía que uno andaba y se encontraba no podía ser.

Recuerdo saludar un campesino que nos respondió con, “¿Quiere café?” Allá arriba, después de haber subido varios cientos de metros a pie, nada pudiera ser mejor. Seria un segundo brindis eléctrico. Además, nos brindo agua fría y nos llevó a un lugar, fuera de la ruta, donde la vista se hizo más majestuosa que la anunciada. Eso se llama sendero magia.


Cuando llegamos al campamento, admirábamos el gran árbol de jobo que nos acogía. Fresquitos después del baño en el río aledaño a ese mismo árbol se volvió el escenario para la fiesta cumpleañera del Sensei. Cantamos con velas, bizcochos y vejigas, las bendiciones, ya que la Sirenita trajo todo una fiesta a la montaña. 

Al despertar en la mañana, con un frío placentero, un sol cálido y un tono silencioso, finalmente encontré un espacio para estar a solas y reflexionar y leer. Me mojaba los pies en el río mientras disfrutaba de un libro que tanto había postergado. En la montaña se me presentó el chance.

Al despertar los otros y sentarnos a desayunar juntos—todos tenían algo interesante que decir. Aprendí muchísimo en un espacio donde lo material entra en una segundo plano, detrás de entregarte a los retos de la montaña y la voluntad de armar buen campamento. Nos relacionamos como gente y no por nuestras cosas.


Si algo se me hizo difícil fue la partida. A pesar de estar aquí cerquita de La Capital, nos estábamos despidiendo de un mundo sin igual. Ese espacio que se crea entre la dificultad de la montaña y la fluidez del río, no se captura en palabras ni poesía. Espero ver a todos estos compañeros Patas Sucias en una próxima. Rodeado de río y loma los problemas se evaporan.

Acampar no sólo es fácil, es mágico. Te espero en el sendero. #AcamparEsFacil

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